jueves, 11 de diciembre de 2008

UNA NUEVA EDUCACIÓN PARA LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO.

En los últimos veinte años la humanidad ha generado de una manera asombrosa más conocimiento que en toda su historia anterior, haciendo que poco a poco muchos de estos conocimientos que se suponían plenamente establecidos vayan perdiendo valor.
Todas estas nuevas tecnologías han creado hoy en día una asombrosa revolución científica tecnológica, produciéndose de la mano de ellas una sorprendente migración digital, la cual ha generado cambios trascendentales en todos los ámbitos de la sociedad. Esta migración sin lugar a dudas afecta al imaginario tecnológico, al mercado cultural, al lenguaje, a las nuevas formas de vivir e interactuar en nuestro tiempo y espacio y por ende repercute en las nuevas conductas que adoptan los individuos.

De la mano de ésta revolución tecnológica ha surgido una nueva economía: la economía del conocimiento, la cual nos ha llevado a tomar este conocimiento como un nuevo valor agregado en los procesos de producción y desarrollo del capitalismo actual, convirtiéndose este así en un pilar fundamental para entender los actuales cambios por los que atraviesa la sociedad.

Esta nueva economía del conocimiento repercute sin lugar a dudas en todas las formas de la vida social, especialmente en los sistemas educativos, en los de de ciencia y tecnología. “La educación y la formación serán, más que nunca, los principales vectores de identificación, pertinencia y promoción social. A través de la educación y la formación, adquiridas en el sistema educativo institucional, en la empresa, o de una manera más informal, los individuos serán dueños de su destino y garantizarán su desarrollo¨ (Comisión Europea, 1995:16).
Dichas afirmaciones enfatizan en la gran importancia de proporcionar a todos los individuos oportunidades que le permitan desarrollarse plenamente para así conseguir un trabajo digno y productivo en condiciones de libertad, equidad, seguridad y dignidad humana.
Cabe recordar que hoy en día, los países industrializados fundamentan su economía en la producción de información y conocimiento, impulsando así, cada vez más su crecimiento económico mediado por la tecnología, la innovación y la creatividad.

Ante esta realidad, surge el concepto sociedad del conocimiento, el cual se refiere a la aceleración sin precedente del ritmo de creación, acumulación, distribución y depreciación del conocimiento, basada en el uso crítico, racional y reflexivo de la información global y distribuida (Gisbert, 2002,12).

Las sociedades del conocimiento se caracterizan por una acelerada acumulación de la información, por la introducción de nuevos modelos de producción, por la creciente inversión del capital intangible, por la revolución digital que ha generado, colocando a la innovación como el motor del crecimiento económico. Cada vez más se crean nuevos instrumentos para archivar, procesar, producir, transmitir y utilizar el conocimiento con miras de transformar las economías.

Este crecimiento económico está directamente relacionado con la productividad y por ende con la educación y capacitación de cada uno de los individuos ya que es a partir de la formación y capacidad de innovación y emprendimiento de cada persona que pueden generarse y transformarse el conocimiento.
Vemos como este acelerado proceso a un nuevo espacio, el espacio digital amenaza con un analfabetismo ante el uso exagerado de las nuevas tecnologías y los nuevos lenguajes multimedia, pues estos crean nuevas formas de comunicación y novedosos medios de información que ha hecho que se originen nuevas formas de organización en los aspectos económico, político, social y cultural.
Ante esta situación el sistema educativo de hoy en día debe cumplir con la gran reto de responder a las nuevas exigencias que le demanda la sociedad del conocimiento como son, atender a la formación a lo largo de la vida, formar individuos críticos y adaptables frente a las nuevas formas de organización económica, política, social, cultural e ideológica, prepararse para un futuro incierto con nuevas fuentes de conocimiento y espacios de aprendizaje, desarrollar competencias que le permitan usar eficazmente la información, organizarse en un espacio donde la información se transforme en conocimiento, asumiendo las redes como una de las nuevas formas de expresar nuestros pensamientos y fomentar la creatividad.

Pues es evidente que aunque las sociedades del conocimiento abran espacios de interacción con la información, el escaso desarrollo económico y político de muchos de los países impide el libre acceso al conocimiento, generando una gran brecha digital y un atraso en todos los aspectos de la vida social.
Es por eso que la sociedad del conocimiento requiere de una serie de estrategias tanto políticas como económicas que garanticen la educación, formación y aprendizaje a lo largo de toda la vida, demanda para ello una restructuración del sistema educativo, científico y tecnológico con miras a generar cambios trascendentales en los procesos educativos.

Dentro de estos cambios trascendentales, la escuela juega un importante papel, ya que es una de las principales fuentes generadoras de conocimiento, es una institución que suministra formación a una gran mayoría de personas y a lo largo de la vida, por tal motivo deberá replantear sus currículos, diseñando dinámicas pedagógicas creativas e innovadoras, capacitando a los docentes en la implementación de modelos interactivos de enseñanza y aprendizaje, con el fin de que se convierta en un espacio participativo y activo que defienda la libertad de información y promueva críticamente un cambio cultural, con el fin de contribuir a responder adecuadamente al desafío formativo que le plantea hoy en día la sociedad del conocimiento.

Pero debemos tener presente que en ésta formación no sólo el docente y la escuela como tal deben cambiar y actuar, también es fundamental el papel que juegan la familia, el entorno cultural y social. De ahí que el Estado, la familia, la escuela y la sociedad en general deben ser conscientes de la nueva era virtual por la que atraviesa el mundo con el fin de que replanteen sus políticas, sus estilos de vida y puedan trabajar mancomunadamente para que en un futuro se creen verdaderas ciudades del conocimiento, donde el crecimiento económico se dé como resultado de la innovación y la creatividad, fomentando la investigación científica y tecnológica pues ésta, acompañada de un integral desarrollo humano deben constituirse una prioridad tanto de cada individuo como de toda la sociedad.

En conclusión el gran reto que tenemos hoy en día ante ese nuevo paradigma llamado “sociedad del conocimiento” está encaminado en que todos logremos cambiar por dentro y desde adentro, en buscar nuevas formas de aprovechar los espacios educativos, en convertir a todas las instituciones en poderosos entornos que desarrollen el gusto por aprender y las capacidades para apropiar, transformar y generar cada día más conocimiento.
La escuela tiene la gran función de convertirse en un lugar de alfabetización digital, de formación continua, donde además de generar y transformar información se contribuya al desarrollo humano y la autonomía, mejorando así la práctica de los derechos universales y las libertades fundamentales con miras a luchar con las desigualdades cognitivas y con la pobreza.

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