jueves, 11 de diciembre de 2008

¿CUAL DEBE SER EL VERDADERO SENTIDO DE LA EDUCACIÓN?

“El hombre llega a ser hombre exclusivamente por la educación; es lo que la educación hace de él”. Pero las dos artes más difíciles son, precisamente “el arte de gobernar a los hombres y el de educarlos”
Inmanuel Kant

Estas palabras que aparecen pronunciadas por uno de los pensadores más influyentes de la Europa moderna y del último periodo de la ilustración como fue el filósofo Alemán Inmanuel Kant en su libro el tratado de la pedagogía (1803) han generado grandes aportes y reflexiones en torno al conocimiento humano.
Hoy en día vemos como la educación del hombre a través de los años ha dependido del momento histórico por el que atraviesa cada país y de unos intereses económicos y sociales que conllevan a unas concepciones diferentes de hombre, de cultura y de educación.
Esta a su vez, se ha convertido según lo afirmaba Kant, como el problema más grande que pueda plantearse el ser humano, ya que de ella depende el alcance de la realización plena de cada individuo, el interés por brindar al hombre una formación moral con fines universales basados en principios y en el fortalecimiento de la autonomía humana.

Vemos como a lo largo de la historia y en permanente confrontación con la realidad, nuestra sociedad ha avanzado y tomado nuevos saberes y experiencias, ha creado ciencia y ha motivado el desarrollo de valores, normas y diversas formas de vida. Es por eso que durante años, mucho se ha discutido y planteado en relación con la forma de educar, surgiendo así diferentes enfoques, tendencias y modelos pedagógicos que intentan de una u otra forma orientar “de la manera más adecuada” el proceso de enseñanza por parte de los docentes y aprendizaje de cada uno de los estudiantes.

Durante mucho tiempo se consideró al alumno como un agente pasivo con relación al conocimiento, ya que este sólo lo poseía y transmitía el docente. El aprendizaje era adquirido por simple repetición y memorización, en donde los contenidos se basaban en verdades únicas alejadas de las experiencias del alumno y de las realidades sociales en las cuales estaban inmersos. En este “modelo de transmisión” ( Aparicio,J y Rodríguez Moneo,M.2004) correspondiente a la educación tradicional la disciplina y el poder era el medio más eficaz para educar, relegando por completo la participación activa del estudiante.

Pero con el paso de los años, el hombre ha querido de una u otra forma denunciar y cambiar los vicios de la educación tradicional: pasividad, superficialidad, enciclopedismo, magistrocentrismo, por nuevos modelos pedagógicos que permitan el pleno desarrollo del individuo, donde prime la libertad del niño frente al educador y a la escuela, donde se le faciliten al estudiante los medios y los recursos para un sano crecimiento y desarrollo, donde su aprendizaje sea agradable y contribuya a un bienestar físico emocional y social, donde el estudiante sea el centro del proceso educativo, dándole prioridad ante todo a sus pensamientos, a su razón, con el fin de que permita desarrollar en el él una cultura crítica y de reflexión sobre sí mismo y sobre su entorno para que contribuya así a la transformación de la sociedad.

Pues como afirma el pedagogo Giovanni Pestalozzi “No hay aprendizaje que valga nada si desanima o roba la alegría.”, ya que la esencia de una buena educación debe estar alimentada de una actitud gozosa del niño, de una relación maestro – alumno fortalecida por lazos afectivos, gratificantes, por relaciones interpersonales constructivas que conduzcan a la adquisición de la seguridad y la confianza necesaria para la vida futura del niño.

Ahora bien, si retomamos lo expuesto sobre la mejor forma de educar al estudiante y lo llevamos a nuestra realidad, nos damos cuenta que a pesar de que se ha estructurado y avanzado mucho en el quehacer pedagógico, todavía existen secuelas de esta educación tradicional, se evidencian currículos descontextualizados de la situación real de los estudiantes, vemos que en muchas escuelas prevalece aún la autoridad del docente, al ser él quien decide cómo, cuándo y qué va a enseñar sin importar las necesidades e intereses de los alumnos, la evaluación continúa utilizándose estrictamente como un mecanismo de control del rendimiento académico de los estudiantes, mediante la realización de pruebas y exámenes: “evaluación sumativa” (Hernández, Sancho.1993 pág. 197).en general se ha pretendido disfrazar la labor pedagógica tomando conceptos y teorías erradas que terminan finalmente en una repetición y acomodación de conductas que poco favorecen al desarrollo integral del individuo.

En el mundo educativo actual es cada vez más amplia la gama de enfoques curriculares que se aplican en cada una de las instituciones, con el fin de que cada uno de ellos pueda proporcionarle al docente una mayor riqueza de opciones en función del desarrollo de los estudiantes. Pero el problema radica en que no todos cuentan con un marco teórico explícito, sino que se fundamentan en una práctica reiterada, poco evaluada, que no les permite reflexionar sobre lo que verdaderamente se está haciendo, que es educar. Pues la educación verdadera según Freire es praxis, reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo.

Es preocupante el panorama por el que atraviesa hoy en día la educación, ya que si analizamos todo lo anterior, nos damos cuenta que ésta lamentablemente ha cumplido con la tarea de guardar y transmitir conocimiento, pero muy pocas veces se ha preocupado verdaderamente por enriquecerlo, transformarlo y construirlo.
La educación no debe ser un “ensacar” ni un “comprimir” datos en la memoria, sino el arte de hacer germinar las semillas interiores, que se desarrollan, no por incubación, sino cuando se estimulan con oportunas experiencias, suficientemente variadas, ricas y sentidas como siempre nuevas, incluso por quien las enseña.” (Abbagnano, Visalberghi, 1969, p.305)

Es por eso necesario tener en cuenta que hoy en día ante el acelerado desarrollo tecnológico y científico en el que se encuentra el mundo en general, la educación más que nunca debe pedir a gritos un cambio radical. Pues es evidente que en ésta nueva era globalizada, el conocimiento, la información rápida y por ende la educación juegan un papel central. De ahí que una sociedad moderna y sus instituciones no pueden vivir de espaldas a ésta realidad. Ante este panorama se hace indispensable replantear el sentido que tiene la educación tanto en el desarrollo del individuo como en el desarrollo de la sociedad.
Por tal motivo, hoy en día la educación debe tener una nueva misión centrada en el desarrollo humano, en las relaciones del hombre con sus semejantes y con su medio, donde se le permita al estudiante pensar y actuar críticamente ante las situaciones de la vida diaria. ( Vigostky 1968)

De ahí que las escuelas, colegios y universidades se deben convertir en un espacio privilegiado para la práctica de la libertad, para el desarrollo de la humanidad, donde se promueva la cooperación, el bien común, la formación de la opinión pública, otorgándoseles la misión de ser forjadoras de hombres y de comunidades.
La finalidad de la educación debe apuntar al desarrollo de un enfoque humanista, cimentado en valores que permita fortalecer la sociedad civil con el fin de contribuir a la construcción del sentido de lo público, de la existencia de una cultura democrática, una cultura que admita la disidencia, que defienda y ampare la autonomía del pensamiento, que prepare e incite a los ciudadanos para la deliberación en la toma de decisiones públicas y rechace toda imposición.
En palabras de Freire la escuela debe ser ante todo un proyecto ético y un acto democrático liberador. La educación es un proceso afectivo, social dotado de experiencia y solidaridad que posibilita el desarrollo de la autonomía del aprendizaje.

De ahí radica la gran importancia de brindar una educación signada éticamente por valores, que defienda el conocimiento como un bien social y no como un patrimonio personal, una educación que nos permita conocer, aplicar y construir ese conocimiento ,una educación que propenda por la inclusión y no por la formación de élites y la discriminación, una educación que respete los derechos y las opiniones de los demás, que nos motive a desarrollar un sentido deliberativo, una pedagogía de la comunicación y de la participación.

Educar es una tarea que debe involucrar a todos los miembros de la sociedad, ya que cada uno de ellos tiene un rol diferente que cumplir en éste proceso. Son los estudiantes, los profesores, los directivos, la familia y el estado como seres humanos dotados de sueños, ideas, deseos y necesidades los que se deben comprometer con formar íntegramente los ciudadanos del futuro con el fin construir una sociedad más justa, más equitativa donde reine la alegría y la paz.
Sin embargo es fundamental resaltar, que de nada sirve conocer, indagar e implementar los mejores modelos pedagógicos para darle un buen sentido a la educación, si no nos comprometemos conscientemente y de corazón con labor de educar, si no reflexionamos de nuestro papel como orientadores y formadores de personas, si no removemos en cada uno de nosotros ese sentido de pertenencia y amor por la enseñanza, por los niños y por nuestra patria.

Se hace entonces necesario reflexionar por un momento sobre el papel que nosotros como docentes estamos realizando en la educación, si seguimos aplicando métodos tradicionales, memorísticos y pocos constructivos que en vez de contribuir a formar están llevando a deformar la humanidad, o por el contrario estamos siendo agentes cultivadores de mentalidades abiertas, críticas, libres, autónomas, dados a la investigación con miras a generar cambios positivos y trascendentales en nuestra sociedad.

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